Novena de María Auxiliadora 2011

Radio Salesiana Piura

Don Bosco en la TV

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domingo, 19 de enero de 2014

DIACONÍA
Διακονία
Sirviendo al pueblo de Dios                     el alimento de las Escrituras
P. Oscar Montero SDB

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Él es más importante que yo, Jesús puede cargar más que yo.

            En una ocasión le pregunté a alguien sobre cómo se comportaba su profesor en las clases y me dijo: “Es todo mansito. Es una ovejita”. ¿Qué tiene que ver esta expresión con aquella que Juan Bautista dice de Jesús: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”? Actualmente, más de uno de nosotros preferiría mil veces ser llamado “lobo” que ser tildado de “cordero” o de “mansa ovejita”. Pero, ¿qué tan cierto puede ser esto a los ojos de Dios?

            Ciertamente, “Cordero de Dios que carga los pecados del mundo” solo hay uno: Jesucristo, el Mesías, el Hijo de Dios. Solamente Él es el redentor del mundo. Juan Bautista, con toda la gran labor que venía realizando comprendió esto a la perfección: “Él es más importante que yo”. Lamentablemente, aunque con muy buena voluntad, a veces corremos el riesgo de robar, de usurpar y de adueñarnos del puesto de Jesús, el Cordero de Dios, y pretendemos cargar con las culpas de los demás; y hasta queremos ser “los redentores” en la familia, en la comunidad, en la oficina, en el barrio, en la sociedad. ¡Esto no es sano! No digo que no experimentemos ni seamos insensibles al pecado que hay en el mundo. No, no se me interprete así. Lo que digo es que solo “Dios lleva nuestras cargas”  (Salmo 67). Claro, Jesús nos invitó a cargar la propia cruz y a aliviar la ajena, pero nunca a cargar la cruz de los otros. Sintamos su dolor, compartamos sus angustias, oremos por los demás, pero… Jesús es el único Cordero.

            Esto, aparentemente inofensivo, tiene sus consecuencias. Porque, no tenemos la obligación de cargar más de lo que soportan las fuerzas que Dios nos dio, no podemos hacernos responsables de la culpa de los demás. Incluso, no deberíamos ni siquiera exagerar nuestro sentimiento de culpabilidad. ¡Dios es más grande que nuestra conciencia!

            Sin embargo, hoy más que nunca, también estamos llamados a ser ovejas, a ser corderos. No por la ingenuidad, porque el cristianismo no es para los ingenuos, sino para los valientes-humildes. Necesitamos hombres y mujeres que como Jesús, cordero inocente y pacífico, impulsen la paz y no el odio; animen a la lucha pero sin hacerle daño a los demás, entusiasmen con sus palabras pero no hieran con ellas.

Insisto, no necesitamos redentores, pero quizás si hagan falta –y mucha falta- hombres y mujeres humildes, pacíficos, comprensivos que sepan aliviar las cargas de los demás; y que con sus actitudes de escucha y tolerancia vayan poquito a poquito uniéndose a la Pasión de Cristo por la salvación del mundo.

Tal vez a más de uno de nosotros nos busquen los amigos para confiarnos sus problemas y pesares de la vida. Escuchémoslos con cariño y paciencia, pero –como Juan Baustista- señalemos al Amigo, al Cordero de Dios, al Salvador, al único que realmente puede aliviar y confortar sus penas y darle un sentido pleno a su dolor y a su vida: a Jesús. ¡Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz!    


domingo, 8 de diciembre de 2013

El Sacerdote es ALTER CHRISTUS, y el día en que es ungido con el óleo santo queda elevado y destinado a sostener el cuerpo inmaculado de JHS. "Feliz aquél que el SEÑOR escoge para sí, vivirá eternamente en su compañía, gozando de los bienes de su casa. Felicidades en el Señor P. Oscar Montero Córdova SDB y P. Lenín Santa Cruz Manay SDB

domingo, 13 de enero de 2013

CICLO A – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO II
El Espíritu llena Cristo Jesús que llega es Justicia, Paz y Fidelidad: convirtámonos a Él, vivamos sus actitudes y gozaremos su Salvación
Is. 11, 1-10:                   Saldrá una rama del tronco de Jesé... Sobre Él reposará el Espíritu del Señor: ...de sabiduría e inteligencia, ...de consejo y fortaleza, ...de ciencia y temor del Señor... juzgará con justicia a los débiles... herirá al violento con la vara de su boca... la fidelidad ceñirá sus caderas... No se hará daño ni estragos en toda mi montaña santa... la raíz de Jesé se erigirá como estandarte... las naciones la buscarán y la gloria será su morada.
Salmo 711-2.7-8.12-13.17:    "Que en tus días florezca la Justicia."
Rm. 15, 4-9:                  Todo lo que ha sido escrito en el pasado ha sido escrito para nuestra instrucción, a fin de que... mantengamos la esperanza. Que el Dios de la constancia y del consuelo les conceda tener los mismos sentimientos... de Cristo Jesús... glorifiquen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Cristo se hizo servidor de los judíos... para que los paganos glorifiquen a Dios por su misericordia...
Mt. 3, 1-12:                    "Se presentó Juan Bautista proclamando...: «Conviértanse, porque el reino de los cielos está cerca»... La gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región... iba a su encuentro... confesando sus pecados... Juan les dijo: «...Produzcan frutos de sincera conversión... Yo les bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí... Él los bautizará en el Espíritu Santo y el fuego...»".
¡Cuánta confusión en nuestro mundo! También nosotros nos aturdimos si no queremos escuchar al Señor; pues, aunque buscamos paz, unidad, felicidad y solidaridad sin descanso, no atinamos a encontrar los caminos adecuados, pues los encontrados no están al nivel de la dignidad de cada persona: fuertes y débiles; grandes y chicos; sanos y enfermos; considerados buenos y los que no lo parecen tanto, para que ésta sea adecuadamente respetada y vea una real posibilidad de madurar y desarrollarse, según la eterna y concreta Voluntad del Señor.
El domingo pasado se nos invitaba a estar preparados, a velar, a despertarnos, pues el Señor llega y merece toda nuestra atención, ya que lo que nos trae, si lo aceptamos, nos lleva a donde íntimamente todos anhelamos. Este domingo se nos invita a prestar honesta atención y convertirnos porque el Señor siempre nos habla con la Verdad y guiado por su Amor providente y omnipotente.
Juan Bautista y Pablo nos piden entender que la llegada del Señor debe ser tomada en serio. Sus maravillosos dones, nos necesitan dispuestos a transformar lo que sea necesario. Todo rito, sin esta actitud interior, de honesta voluntad de conversión, se convierte para nosotros en un signo de Vida pero vacío, que, por eso precisamente, nos condena; pues lo hemos anulado, con nuestra doble vida.
El Señor ya llegó, escuchemos y sigamos su Palabra de vida y, con nuestra vida renovada, mostrémoslo a las naciones. No nos engañemos con sentimientos –tal vez muy lindos– pues, si son incongruentes con la vida concreta llevada y las actitudes que alguno pudiera tener y defender, no salvan.
El Enviado tiene el Espíritu del Señor, vive en la justicia y todos los honestos le verán y gozarán
El pecado por la debilidad que suframos no es problema: el Señor ha venido para los débiles, para llenarlos de la fortaleza de su Espíritu, si, en verdad, es que se abren a recibirlo y quieren seguirle.
Los dones de Dios, en toda la persona honesta, son siempre efectivos, eficientes y eficaces, pues el Amor de Dios da a su Elegido la fuerza divina para superar aun las mayores dificultades sin problema.
Su Fidelidad, Justicia y Paz son garantía de una relación sana con todos y con toda la realidad.
Pablo nos pide asumir las actitudes de Cristo; pues, solo así, podremos ser creíbles testigos suyos
La Biblia es la segura Palabra de Dios y nos lleva a Cristo, pues a Él se refiere toda ella. Pablo nos pide vivir en Cristo –Camino, Verdad y Vida– y ser como Él en todo, siempre fieles a los planes misericordiosos de Dios, que son Providencia para la Vida de los que más lo necesitan. Lo demás pasa.
Sólo con humilde y confiada docilidad seremos, como Dios quiere, misioneros de Vida y Paz.
Para vivir los dones de Dios, es necesario, ¡indispensable!, convertirse sincera y concretamente
Juan anuncia la presencia del Salvador, pero también nos indica nuestra personal responsabilidad. Su Salvación reconstruye nuestra vida, , pero en la medida en la que estamos dispuestos a ser dóciles a la Voluntad del Dios de la Vida y de la Paz. Su bautismo nos abre a algo mayor: al Señor vivo.

Pidamos a María aprender a escuchar la Palabra y a vivirla honestamente para convertirnos hoy.


domingo, 16 de diciembre de 2012



CICLO C – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO III
Vivamos alegres porque Dios está cerca y nos llama a una constante y concreta conversión: todo mal se superará si dejamos libertad a Dios en nosotros
Sof. 3, 14-18:          "...¡Alégrate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha retirado las sentencias que pesaban sobre ti y ha expulsado a tus enemigos. El Rey de Israel, el Señor, está en medio de ti: ya no tendrás ningún mal... El Señor... exulta de alegría a causa de ti, te renueva con su Amor y lanza por ti gritos de alegría, como en los días de fiesta".
Salmo: Is. 122-6:      "Aclamemos al Señor con alegría".
Flp. 4, 4-7:               "Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. Que la bondad de Uds. sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca. No se angustien por nada... recurran a la oración y a la súplica, acompañadas por acción de gracias, para presentar sus peticiones al Señor. Entonces la paz de Dios... tomará bajo su cuidado los corazones y pensamientos de Uds. en Cristo Jesús".
Lc. 2, 2b-3.10-18:  "Dios dirigió su palabra a Juan Bautista... Éste comenzó a recorrer toda la región del Jordán... La gente le preguntaba: «¿Qué debemos hacer...?» Él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que dé una al que no tiene...» Algunos publicanos... le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» Él les respondió: «No exijan más de lo estipulado». Unos soldados le preguntaron: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?» Juan les respondió: «No extorsionen a nadie, no hagan falsas denuncias y conténtense con su paga». Como todo el pueblo estaba a la expectativa... si Juan no sería el Mesías, él... les dijo a todos: «Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo,... él les bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego...»"
¡Alégrense! Maravillosa invitación. La razón dada, lo explica, y ¡no es para menos!: el Señor está cerca.
Esto lo entiende quien es movido por el amor y un creciente afán de vida libre y llena de pureza y salud, sin las trabas y presiones de los malos recuerdos y la esclavitud de las experiencias pasadas o presentes.
Es verdad, la pura verdad, EL SEÑOR ESTÁ CERCA. Nada es más verdad que esto. San Pablo piensa en dos cercanías: está cerca su regreso y está cerca de los que caminan en su Camino, sus discípulos.
Sofonías habla en el mismo sentido y nos invita a la alegría. Nos aclara que, con el Señor cerca– en medio de nosotrosno tenemos que temer ningún mal. Pues aunque éste se dé, el Señor nos llevará a superarlo. ¡¡¡El Señor está cerca de verdad!!! ¿Lo vivimos así, lo creemos, actuamos en consecuencia?
Con Juan nos encontramos con un profeta que nos invita a no quedarnos en gestos y apariencias, sino a ir a una vida veraz: que los hechos nos muestren convertidos al Señor que llega cada día a nuestra vida.
La conversión es una invitación universal, pero no lo son los caminos de conversión: cada uno tiene el suyo, a cada uno su personal responsabilidad y, ahí, no se puede culpar a otros: ¡mi camino es solo mío! Debo asumir mi responsabilidad personal y social, pues toda actitud tiene su repercusión social.
Preparar la Navidad es asumir en serio esta responsabilidad de conversión personal. Esto es más urgente cuando no podemos descubrir en qué desea Dios que nos convirtamos: ¡¡es hora de pedir ayuda!!
Alégrate, hermano, el Señor te invita a aceptar corresponder a un nuevo compromiso de Amor con Él
El Señor nos pide vivir la experiencia de profundizar nuestro compromiso de serle fieles: necesitamos arrepentirnos más de una vez, pero el Amor de Dios que nos guía y anima nos sostendrá en el gozo.
El profeta insinúa que la batalla también la hace el Señor con nosotros, pero no puede sin nosotros.
Alegrémonos: el Señor camina con nosotros y nos enseña a caminar en Vida nueva para bien de todos
La alegría del cristiano se apoya en la presencia del Señor en nuestra vida; una presencia que nos llama a comprometer nuestra vida a llenar de vida y bondad a los que nos rodean.
La vocación cristiana es universal, como lo fue la del pueblo elegido en el primer período, Israel.
Estamos llamados a ser la alegría de Dios para todo el mundo. Apoyados en Él, nada debe angustiarnos.
Seamos honestos, no somos tan buenos: necesitamos convertirnos al Señor para la vida de los hermanos
Juan estaba convencido de que todo ser humano puede ser mejor y era muy consciente de lo que pasaba, por eso sus consejos son concretos y específicos. Así es el trato de Dios con todos.
¿Sabemos nosotros lo que tenemos que hacer para convertirnos? Las consecuencias de no avanzar en la conversión son negativas para todos. ¿Qué esperamos? ¿Queremos asumir esta grave responsabilidad?
Lo importante es cambiar el corazón y aprender a vivir buscando en todo el bien de los que nos rodean.
Pidamos a María ser cada día concretos en nuestra conversión para no negar a nadie la alegría de Dios.

domingo, 9 de diciembre de 2012


CICLO C – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO II
Dios nos llama a confiar más en su Providencia: a ser constantes constructores de paz, amor y vida en la piedad, de solidaridad y respeto en la verdad
Bar. 5, 1-9:        "Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios, cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu resplandor a todo lo que existe bajo el cielo. Porque recibirás de Dios para siempre este nombre: “Paz en la justicia” y “Gloria en la piedad”... mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos... Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares y que se llenen los valles hasta nivelar la tierra... conducirá a Israel en la alegría, a la luz de su gloria, acompañándolo con su misericordia y su justicia".
Salmo 1251-6:    "¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!".
Flp. 1, 4-11:       "Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos Uds. Estoy firmemente convencido de que aquel que comenzó en Uds. la buena obra la irá completando hasta el día de Cristo Jesús. Y en mi oración pido que el amor de Uds. crezca cada vez más... a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el día de Cristo...".
Lc. 3, 1-6:          "El año decimo quinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Pocio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea..., bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Éste comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito...: «Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, la montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces todos los hombres verán la salvación de Dios»."
Jesús no es una aparición. Nace, como cualquier otro, en una realidad socio-político-cultural muy concreta. Por eso Lucas comienza este capítulo de su evangelio de este modo. Jesús es una persona concreta. No deja indiferente. De Él se ocupan, generación tras generación, muchos intelectuales y artistas, ya sea para profundizar su realidad y sea para enturbiarla o atacarla. Jamás de nadie se ha escrito y hablado tanto.
El Adviento no prepara un recuerdo sentimental del nacimiento de Jesús, como quien añora. No. Nos lleva a revivirlo como un compromiso de confianza en nuestro Padre y de construcción de una fraternidad como Jesús nos enseñó. Lo demás es inútil y hasta contraproducente: ¡para que sirvió que viniera!
Juan no habla por cuenta propia. Toda liberación necesita sus enviados-constructores, con su misión: el profeta, Juan, Jesús, nosotros... Sí, cada uno de nosotros: sobre cada uno vino la Palabra en el Bautismo.
Palabra de conversión para el profeta, para Juan, para Jesús-pueblo, para nosotros. Responder es nuestra responsabilidad. Y es necesario el desierto, lugar de la verdad y de la lucha para la aceptación libre.
¿Quién no necesita convertirse? No percibirlo significa estar atrapado, enceguecido por el mal, aunque no parezca grave. No ver nuestro mal es sumamente grave, pues, para esa enfermedad, no hay salvación.
La conversión es base de alegría y paz; responsabilidad maduración social y progreso, ¡qué mejor!
Somos invitados a vestirnos de gloria: el Señor viene a nosotros y nos llevará por caminos de salvación
Baruc, secretario de Jeremías, trata, en nombre de Dios, de consolar al pueblo, que está en el destierro, con la promesa de la liberación. Ésta es segura y es para todos los que marchen con el Señor.
A nada se nos obliga, pero los frutos serán patentes ante todos los ojos. Donde está Dios está la Vida.
Somos débiles y la conversión cuesta; pero no temamos, Dios es fiel y nos llevará, felices, hasta el final
La alegría de Dios está en nuestro caminar, más que en los resultados. El final está en Sus Manos, pero la libertad de escucharle y hacerle caso está en las nuestras y esto es indispensable, pues no somos cosas.
La Navidad es una invitación a cambiar el corazón: para eso llegó Jesús. Lo vivieron lo primeros cristianos y los verdaderos de todas las épocas y, a pesar de todas las debilidades, llegaron felices al final.
Convertirse es abrirse al Señor, quitar todos los estorbos y profundizar en la vida que Dios nos ofrece.
El bautista, enviado por Dios con su palabra de Vida, nos invita a preparar nuestro interior para recibir al Señor de la Vida y de la Paz. Tarea: enderezar todo lo que está torcido y desviado en nuestra vida.
La respuesta es personal y sólo ésta, seria y responsable, podrá incidir en la transformación social.
El mundo no cambia ni con leyes, ni con magia, ni con ciencia, ni con poder; solo con vida interior.
Pidamos a María abrirnos a la Salvación de Jesús y convertirnos en todo lo que Dios nos pida hoy.

CICLO C – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO II
Dios nos llama a confiar más en su Providencia: a ser constantes constructores de paz, amor y vida en la piedad, de solidaridad y respeto en la verdad
Bar. 5, 1-9:        "Quítate tu ropa de duelo y de aflicción, Jerusalén, vístete para siempre con el esplendor de la gloria de Dios, cúbrete con el manto de la justicia de Dios, coloca sobre tu cabeza la diadema de gloria del Eterno. Porque Dios mostrará tu resplandor a todo lo que existe bajo el cielo. Porque recibirás de Dios para siempre este nombre: “Paz en la justicia” y “Gloria en la piedad”... mira a tus hijos reunidos desde el oriente al occidente por la palabra del Santo, llenos de gozo, porque Dios se acordó de ellos... Porque Dios dispuso que sean aplanadas las altas montañas y las colinas seculares y que se llenen los valles hasta nivelar la tierra... conducirá a Israel en la alegría, a la luz de su gloria, acompañándolo con su misericordia y su justicia".
Salmo 1251-6:    "¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!".
Flp. 1, 4-11:       "Siempre y en todas mis oraciones pido con alegría por todos Uds. Estoy firmemente convencido de que aquel que comenzó en Uds. la buena obra la irá completando hasta el día de Cristo Jesús. Y en mi oración pido que el amor de Uds. crezca cada vez más... a fin de que puedan discernir lo que es mejor. Así serán encontrados puros e irreprochables en el día de Cristo...".
Lc. 3, 1-6:          "El año decimo quinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Pocio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea..., bajo el pontificado de Anás y Caifás, Dios dirigió su palabra a Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto. Éste comenzó entonces a recorrer toda la región del río Jordán, anunciando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados, como está escrito...: «Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Los valles serán rellenados, la montañas y las colinas serán aplanadas. Serán enderezados los senderos sinuosos y nivelados los caminos desparejos. Entonces todos los hombres verán la salvación de Dios»."
Jesús no es una aparición. Nace, como cualquier otro, en una realidad socio-político-cultural muy concreta. Por eso Lucas comienza este capítulo de su evangelio de este modo. Jesús es una persona concreta. No deja indiferente. De Él se ocupan, generación tras generación, muchos intelectuales y artistas, ya sea para profundizar su realidad y sea para enturbiarla o atacarla. Jamás de nadie se ha escrito y hablado tanto.
El Adviento no prepara un recuerdo sentimental del nacimiento de Jesús, como quien añora. No. Nos lleva a revivirlo como un compromiso de confianza en nuestro Padre y de construcción de una fraternidad como Jesús nos enseñó. Lo demás es inútil y hasta contraproducente: ¡para que sirvió que viniera!
Juan no habla por cuenta propia. Toda liberación necesita sus enviados-constructores, con su misión: el profeta, Juan, Jesús, nosotros... Sí, cada uno de nosotros: sobre cada uno vino la Palabra en el Bautismo.
Palabra de conversión para el profeta, para Juan, para Jesús-pueblo, para nosotros. Responder es nuestra responsabilidad. Y es necesario el desierto, lugar de la verdad y de la lucha para la aceptación libre.
¿Quién no necesita convertirse? No percibirlo significa estar atrapado, enceguecido por el mal, aunque no parezca grave. No ver nuestro mal es sumamente grave, pues, para esa enfermedad, no hay salvación.
La conversión es base de alegría y paz; responsabilidad maduración social y progreso, ¡qué mejor!
Somos invitados a vestirnos de gloria: el Señor viene a nosotros y nos llevará por caminos de salvación
Baruc, secretario de Jeremías, trata, en nombre de Dios, de consolar al pueblo, que está en el destierro, con la promesa de la liberación. Ésta es segura y es para todos los que marchen con el Señor.
A nada se nos obliga, pero los frutos serán patentes ante todos los ojos. Donde está Dios está la Vida.
Somos débiles y la conversión cuesta; pero no temamos, Dios es fiel y nos llevará, felices, hasta el final
La alegría de Dios está en nuestro caminar, más que en los resultados. El final está en Sus Manos, pero la libertad de escucharle y hacerle caso está en las nuestras y esto es indispensable, pues no somos cosas.
La Navidad es una invitación a cambiar el corazón: para eso llegó Jesús. Lo vivieron lo primeros cristianos y los verdaderos de todas las épocas y, a pesar de todas las debilidades, llegaron felices al final.
Convertirse es abrirse al Señor, quitar todos los estorbos y profundizar en la vida que Dios nos ofrece.
El bautista, enviado por Dios con su palabra de Vida, nos invita a preparar nuestro interior para recibir al Señor de la Vida y de la Paz. Tarea: enderezar todo lo que está torcido y desviado en nuestra vida.
La respuesta es personal y sólo ésta, seria y responsable, podrá incidir en la transformación social.
El mundo no cambia ni con leyes, ni con magia, ni con ciencia, ni con poder; solo con vida interior.
Pidamos a María abrirnos a la Salvación de Jesús y convertirnos en todo lo que Dios nos pida hoy.

sábado, 1 de diciembre de 2012


CICLO C – TIEMPO DE ADVIENTO – DOMINGO I
Dios nos invita a estar alerta a las indicaciones del Señor para no quedar atrapados en los engaños y tener éxito definitivo en la vida personal y social
Jr. 33, 14-16:                 "...en aquel tiempo, haré brotar de David un germen justo, y él practicará la justicia y el derecho en el país. En aquellos días estará a salvo Judá, y Jerusalén habitará segura. Y la llamarán así: “El Señor es nuestra justicia”."
Salmo 244-5a.8-10.14:        "A Ti, Señor, elevo mi alma".
1Tes. 3, 12-4, 2:            "Que el Señor les haga crecer cada vez más en el amor mutuo y hacia todos los demás, semejante al que nosotros tenemos por Uds. Que Él fortalezca sus corazones en la santidad y los haga irreprochables ante Dios... hagan mayores progresos todavía...".
Lc. 21, 25-28.34-36:    "Jesús dijo a sus discípulos: ...Los hombres desfallecerán de miedo ante la perspectiva de lo que le sobrevendrá al mundo, porque los astros se conmoverán. Entonces se verá al Hijo del hombre venir... lleno de poder y de gloria... tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación. Tengan cuidado de no dejarse aturdir por los excesos... para que ese día no caiga de improviso sobre Uds., como una trampa, porque sobrevendrá a todos los hombres en toda la tierra. Estén prevenidos y oren incesantemente, para quedar a salvo de todo lo que ha de ocurrir. Así podrán comparecer seguros ante el Hijo del hombre".
Adviento: tiempo que prepara la celebración de la llegada del Señor. Para nosotros, ¿Él es el importante? o, más bien, ¿lo son más, en realidad, las cosas y símbolos con los decimos celebrar la Navidad?
Comenzamos este año litúrgico con una clara invitación a vivir siempre alerta, basados la oración y una conducta digna de los discípulos de Jesús, en la que somos invitados a progresar constantemente.
Si vivimos así, estaremos a salvo de toda desgracia, sobre todo de la desgracia de quedar atrapados en las angustias de nuestro mundo y en su gran desconcierto ante la incesante, insaciable y parece que infructífera búsqueda de felicidad y de paz, que siempre aparecen como huidizas, frágiles y poco fiables.
Dios nos invita a prepararnos a la llegada del Salvador. Pero no la primera, sino la constante y definitiva. La salvación ya se hizo historia, nos toca a nosotros concretar hoy nuestra real aceptación.
¿Cuál es el centro de nuestra vida: la propuesta del Señor o nuestras costumbres o comodidades? No es una pregunta menor, ni es retórica, pues de ello depende el futuro real de nuestra vida profunda.
La sociedad tiene muchas carencias ¿cuál es nuestra viva y concreta respuesta a ellas?
La justicia, don del cielo, viene con el Salvador, pero no se puede imponer, debe ser vivida en persona
700 años antes de Cristo, Isaías, y 100 años después, Jeremías, hablan con ilusión y entusiasmo del germen de justicia que brotará del árbol de la dinastía de David, secado por la injusticia y el culto falso de sus dirigentes. Al final, llegará la salvación y la Justicia de Dios superará la maldad y para siempre.
Dios es soberano: su propuesta de Vida y Justicia es definitiva y para todos. Ahora nos toca decidir.
Desarrollemos nuestro deseo de vivir atentos a los dones de Dios para hacerlos crecer sin cesar
Pablo nos invita a ser cada día más eficientes en nuestra conversión para que ésta beneficie a todos.
Claro que antes deberíamos preguntarnos si sentimos necesidad de la conversión, porque, si no es así, la invitación del Apóstol queda en nada, pues creemos que, así como estamos, ¡ya estamos bien! Así lo sienten también los que mantienen sometida nuestra sociedad en la corrupción con todas sus injusticias.
Pidamos al Señor nos dé su Luz y Fuerza para convertirnos en todo lo que Él nos pide cambiar.
Estemos atentos, no nos aturdamos por los excesos, sino construyamos en el don de la libertad y el Amor
El lenguaje de Lucas desea hacernos notar que toda la sociedad vive en angustia constante ante la corrupción e injusticia imperante en casi todos los ámbitos decisivos de la vida personal y social.
El Señor llega con su Libertad, pero ésta no se impone; debe ser aceptada y aprendida para dar a nuestro mundo sus frutos de vida, paz, diálogo, respeto, unidad y progreso personal y social.
Pero no todos reciben al Señor de la Vida y de la Libertad. Los justos será puestos a dura prueba; por eso se nos pide confianza: tengan ánimo, levanten la cabeza, dejen atrás el pasado y láncense a lo nuevo que les trae el Salvador que llega, Él hace realidad todo lo que podría verse como una utopía de justicia.
Abrámonos a Cristo Jesús, que ninguna preocupación nos desvíe de lo único vital: el Señor que llega.
Pidamos a María abrir nuestro ser al Señor que llega con su amor y dejar que llene nuestra vida de Él.